Dave ha mandado su última carta esta mañana. Su última despedida. Echa un último vistazo por la ventana a la ciudad que desde fuera parece ignorarle. Esta vez no habrá fallos. Dave sabe que las pastillas son la solución a sus problemas. Una y otra vez le ha faltado valor para arrancarse a si mismo esta mierda de vida que le ha tocado vivir. En el último segundo su instinto de supervivencia le impidió apretar el gatillo. Lo de seccionarse las venas le parecía sucio y bastante vulgar ("hasta en la muerte hay que guardar las formas" - había pensado), y lo de lanzarse por la ventana, el recurso de los egocéntricos, que hasta a la hora de matarse tienen que llamar la atención... Los somníferos serían su billete a la otra vida, fuera cual fuera, y si es que existía.
Se vió a si mismo, miró sus recuerdos uno por uno. Su vida estaba vacía de ilusión y de buenos recuerdos. Todo lo llenaba una triste insignificancia, la sensación de no ser nadie, de no importarle a nadie lo más mínimo, una vida entre las sombras, marcada por la muerte de su hijo, su posterior divorcio, su
affaire con la drogas ("una raya te hará sentir mucho mejor", como le dijo su compañero de oficina, un
yuppie pijo, de buena familia, muy cuco él, que había acabado con un tiro en la nuca por alguna que otra deuda), que a punto había estado de mandarle al otro barrio, y toda esa puñetera mierda que la había ido empujando hacia el abismo. Para vivir así, mejor cortar por lo sano...
Y CORTÓ... muy por lo sano...